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Ciclo de cine europeo

Al otro lado

Seis actores que se entrecruzan constantemente, unas veces por su voluntad otras por caprichos del azar; en unas ocasiones siendo conscientes de ello y en otras sin serlo. Una película que logra hacer creíble un argumento barroco, enrevesado y en ocasiones onírico.

Daniel Correa  •  Martes, 22 de Julio de 2008

Al otro lado es un título premonitorio de dos escenarios: cuando hay otro lado forzosamente hay este lado. Es la realidad existente entre Alemania y Turquía. Un binomio indisoluble con unos lazos invisibles que los unen fuertemente, fruto de unos grandes flujos migratorios en el pasado que se mantienen hoy en día.

Alemania nos muestra la cara más occidentalizada. Una sociedad aparentemente más avanzada con un gobierno estable y de grandes recursos. Turquía puede ser la hermana pequeña donde una sociedad convulsa se debate por elegir entre el desarrollo del occidente católico y su realidad oriental, todo ello con su entrada en la Unión Europea como telón de fondo.

Es precisamente ese modelo desarrollado el que filtra sin querer su peor miseria, la occidentalización que lleva a un conservadurismo casi beligerante que desemboca en una sociedad deshumanizada. Es por otro lado, en la capital del Bósforo donde menos salvaguardadas están las libertades individuales, donde con mayor fuerza emana de sus gentes  un olor a solidaridad que un excesivo bienestar nos hizo perder a muchos países.

Al otro lado es un largometraje de una inmensa calidad artística tanto por la maestría de la dirección como por un elenco de actores tan deslumbrantes como desconocidos, capaz de juntar seis vidas en un mismo guión sin que perdamos en ningún momento la orientación.

Seis actores que se entrecruzan constantemente, unas veces por su voluntad otras por caprichos del azar; en unas ocasiones siendo conscientes de ello y en otras sin serlo. Una película que logra hacer creíble un argumento barroco, enrevesado y en ocasiones onírico.

Esta es la historia de tres familias cuyas existencias se unirán para siempre. Alí comienza una relación sentimental con Yeter, una prostituta a la que convence para irse a vivir con el. Nejat, su hijo no ve con buenos ojos esta relación pero se apega a ella cuando sabe que esta manda dinero para los estudios de su hija Ayten en Istambul y a la que hace años que no ve. Ella intenta en un viaje desesperado reencontrarse con su madre viajando a Alemania. Entonces  conoce a Lotte, una estudiante alemana con la que comienza una relación apasionada y que provocará su retorno forzado a Turquía. Susanne es la madre Lotte, una mujer conservadora forzada a viajar a Estambul por motivos de fuerza mayor y donde conoce a Nejat, cerrando así  un ciclo vital que engloba a todos sus títeres.

Este es un argumento que nos escupe a la cara lo paradójica que es la vida, lo caprichosa que se vuelve a veces y lo cerca que estuvimos de lograr un sueño o por qué poco se deslizo entre nuestros dedos. Siempre desde la óptica de un ser superior, el director juega con ellos y los mueve a su antojo según un concepto del Karma y su ley de la retribución causa-efecto.

Si la cara es el espejo del alma, el público lo es de la obra. Esta es una de esas películas que a pesar de narrar un gran drama, es capaz de encender una chispa de esperanza en los ojos del público.

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