
Madrid 2007
Treinta jóvenes iberoamericanos debatieron las repercusiones de la Cumbre de Jefes de Estado en Chile
La experiencia de la Unión Europea ha demostrado que la integración es la baza más eficaz para el desarrollo. Hoy, Iberoamérica es una región con democracias cada vez más sólidas y cuenta con todas las variables necesarias para prosperar: las lecciones aprendidas en las últimas décadas sobre política económica, enormes recursos energéticos y materiales, un ingente capital humano (más de 500 millones de personas, con un amplio porcentaje de población joven) y, sobre todo, una herencia común, un patrimonio cultural, histórico y lingüístico invaluable, que constituye la base idónea para sustentar la creación de una Comunidad Iberoamericana de Naciones.
Después de Buenos Aires 2006, en el 2007 le tocó el turno a Madrid. En la capital española se dieron cita 30 jóvenes líderes de los distintos países que conforman Iberoamérica, así como un joven líder de Estados Unidos invitado como observador.
La II Cumbre Iberoamericana de Jóvenes tuvo lugar los días 29 y 30 de noviembre y 1 de diciembre en el hotel Auditórium de Madrid. A lo largo de esos tres días los jóvenes cuadros debatieron sobre las conclusiones de la XVII Cumbre de Jefes de Estado, el bicentenario de las independencias hispanoamericanas y la brecha digital.
Durante las sesiones de debate los jóvenes líderes participantes en la cumbre, pertenecientes a todos los ámbitos de la sociedad (política, empresa, medios de comunicación, administraciones públicas y sociedad civil), trabajan alrededor de diferentes ejes:
La realidad de los países de nuestra región es heterogénea. Debe reconocerse esta diversidad de necesidades fijando un estándar básico de calidad que nos encamine hacia una meta común educativa.
Los gobiernos deben favorecer e impulsar el espíritu emprendedor. Generar empresa con conciencia social es una manera de crear política social. Reconocemos a la juventud como impulsora del cambio laboral en la región, por su capacidad innovadora y de adaptación a las nuevas realidades que ofrece el mercado.
Los gobiernos deben fomentar canales de participación para la juventud y desarrollar políticas concretas dirigidas a ella, en cuya elaboración estén implicados los propios jóvenes. El debate intergeneracional es una condición imprescindible para la construcción de un futuro con garantías para todos, para hacerlo posible deben articularse iniciativas que incorporen a la juventud en la toma de decisiones.
La lucha contra la pobreza debe ser el punto cardinal de las agendas de todos los gobiernos de la región. Deben desarrollarse proyectos e iniciativas a nivel regional que garanticen la justa redistribución de la riqueza.
La preservación del medio ambiente y el uso de las energías renovables deben situarse en la agenda más urgente de todos los gobiernos de la región. La falta de conciencia general en relación al cambio climático se ve reflejada en la inexistencia de políticas medioambientales y energéticas claras, eficaces y urgentes. La energía será una de las claves para la integración de Iberoamérica, cuyo desarrollo económico deberá ir necesariamente de la mano de políticas de sostenibilidad.
Los procesos migratorios son una responsabilidad compartida por todos: países emisores y receptores. Hay que humanizar el proceso migratorio, asumir que el inmigrante es un valor y no una carga para el país receptor, y generar políticas regionales e intercontinentales de cooperación que conformen un marco iberoamericano de migraciones. Los gobiernos deben trabajar junto con la sociedad civil en la creación de una carta de derechos de los migrantes.
América Latina tiene en las nuevas tecnologías la última oportunidad para no perder el tren del desarrollo. En la sociedad del conocimiento la riqueza de las naciones reside en las personas. Iberoamérica cuenta con un capital humano de un potencial incalculable que no debe ser desaprovechado. Los gobiernos deben dar absoluta prioridad a las políticas de implantación y formación en nuevas tecnologías.
Los gobiernos y la sociedad civil deben aprovechar los bicentenarios de las independencias de las repúblicas iberoamericanas para extraer las lecciones que la historia nos ofrece y dar un nuevo y firme impulso al ideal de la integración iberoamericana.